JUNE 2009
2 June, 2009
Por Acacio da Paz y J. Frisuelos
Asistimos en estos días a una carrera de las administraciones públicas para preparar lo que entienden que es preciso antes de que comience el Año Santo Jacobeo de 2010el último antes de 2021o lo que es igualen más de una década. En tiempos de crisis se presupuestan gastosse planean acciones y se multiplican los estudios más con el ánimo de hacer negocio a costa de peregrinos y turistas que de dar facilidades a quienes son el verdadero espíritu del Camino: los propios caminantes. La conversión en negocio del Camino es una más de las consecuencias del crecimiento geométrico y aritmético del interés por el Caminono ya en Europasino en el resto del mundo. Un éxito que se debe sobre todo a las experiencias que los propios peregrinos viven en su caminarmás que a cualquier circunstancia de promoción o publicidad. Esas experiencias han sido plasmadas de diferentes modos en los diarios de tantos caminantes y de modo especial en los libros de algunos escritores y personajes que se aventuraron por la Ruta de las Estrellascomo el brasileño Paulo Coelhoel español Sánchez Dragóo más recientemente el alemán Hape Kerkerling (4 millones de ejemplares vendidos) y Espido Freirecon su relato premiado con el Premio Llanes. Con diferentes estilos y enfoquestodos ellos han hecho más por el Camino que miles de campañas de promoción sufragadas de las arcas públicas. Pese a las críticas con las que vilipendian a esos autores los que se autodenominan “expertos” o “estudiosos” –pretendidos paladines de la pureza y las esenciascomo si fuesen un moderno sanedrín-son ellos quienes han puesto en las Rutas Jacobeas a miles de nuevos peregrinosque desean descubrir por si mismos la verdad que encierran las peregrinaciones compostelanassobre todo la posibilidad de hacer una búsqueda interior en tiempos difíciles. Son estos los elementos que deberían valorar las autoridades competentesdel mismo modo que deberían analizar otros factores. Por ejemplohasta que punto es o no conveniente multiplicar las rutas de peregrinación para atender intereses no siempre acordes con el espíritu del Camino. O para desvirtuar su apariencia con locales comerciales y luces de neón. No todo vale en el universo jacobeo y menos en aras del beneficio crematístico. Cuantos vivimos de cerca el fenómeno Jacobeounos como caminantesotros como hospitaleros y otros más consagrados a aportar ayuda a los unos y los otrosrepetimos con frecuencia que el Caminoel auténtico Caminocomienza en la puerta de la casa de cada peregrino y culmina en el Obradoiroante la fachada de la Catedral compostelana. Cada peregrino escoge en consecuencia su Caminoy ese es tan valido como el que más. No importa que ese Camino no coincida con rutas históricas u otras más o menos comerciales. Es el espíritu del peregrino lo que conforma el Camino. Y eso es asíporque sólo hay un Camino y lo demás son mil rutas que conducen a un mismo destino. Ahora bienuna de esas rutas es generalmente reconocida como la que desde la Edad Media ha sido elegida y seguida por un mayor número de peregrinosentre ellos grandes personajes de las distintas épocas. Naturalmente esa ruta es lo que denominamos Camino Francésdesde Roncesvalles –si se comienza en España- a Santiagocon su variante aragonesa desde Somport. Al ser la ruta preferidaes la mejor equipada en todos los sentidosen señales y en alberguespor lo que debiera ser la que recibe más interés y ayudas para quesin que pierda sus señas de identidadsiga ofreciendo al peregrino todo aquello que precisa para materializar su esfuerzo. Se da la circunstanciade que a la vista del renacimiento de ese Camino Francés han comenzado a renacer –cuando no a ser inventadas- otra serie de rutas que se pretenden históricas y quizá lo seanque surcan la geografía española en todas direcciones. Las haycomo el Camino del Norte y el Camino Primitivoque ya se han consolidado o están cerca de conseguirlo. Es lo que sucede con la Ruta de la Platael Camino o caminos portugueses y con el Camino Inglés. De todas ellas hay noticias de que fueron transitadas desde hace tiempo. Algo más atrás les siguen en nivel de aceptación rutas como el Camino de San Jaume o Catalánla Ruta de la Lanael Camino del Suresteel Mozárabeel de Madrid y el de Levanteeste último nacido de la voluntad de algunos peregrinos valencianos por trazar su propia rutacon independencia de la historia y a veces del sentido común. Por último asistimos a una eclosión de pequeños caminos o alternativascomo el llamado Camino de Inviernoque no parece que sean otra cosa que el deseo de algunas zonas geográficas de no quedar demasiado apartadas del Camino o de que les alcance la economía modesta que lleva aparejada la peregrinación. Todo biensiempre y cuando las autoridades tengan claro que el Camino de Caminos no es otro que el Camino Real Francés. Y sobre todo que además de tenerlo clarolo respalden. Porque se puede decir sin ambigüedadque el Camino Francés es como un río que se va haciendo más caudaloso a medida que se acerca a su desembocadura en Santiago. Y eso es así con las aportaciones de esos afluentes interesantes que van vertiendo sus aguas. Por un ladocatalanesvalencianosconquenses o sorianosque se incorporan en Burgos o cerca de la ciudad. Por otro los que vierten su caudal peregrino en Astorga y más tarde los del Norteque se unen en Arzúa... A todos esos caminos afluentes debería serle exigidocomo mínimoque se inspiren en los históricos Caminos Reales de Castillaque articularon la red de carreteras de nuestra antigüedad. Las “guías Michelín” de ese tiempo aún están disponibles Son los llamados repertorios de Pedro Juan Villuga yAlonso de Menesesambos del siglo XVI y marcando las distancias en leguas. En la obra del primeroes curioso observar que el Camino Francés coincide con exactitud con su actual trazadosin alternativas de inviernoveranoprimavera u otoño. No obstantetengamos en cuenta que en el siglo XVIdespués del surgimiento de la Reforma y de la enemistad de Lutero al fenómeno jacobeolas peregrinaciones estaban ya en decliveaunque no se extinguieron jamás del todo. Incluir alternativas contribuye a despistar al peregrino. Antes de nadatodos aquellos que dicen querer promover el renacimiento de caminosdeberían concentrar su esfuerzo en la creación de infraestructurascomo los albergues o los lugares seguros de paso para los peregrinosevitando el peligro de las carreteras y marcando con señales adecuadas los senderos de tránsito. Ahí están las vieiras y las flechas amarillas y lo que tienen que hacer es señalizar debidamente. Para ello deberían no sólo mirar la señalización en el Camino Francéssino en el resto de Europadonde los afluentes del Camino de Caminos abundan en señales para que ningún peregrino extravíe la ruta. Eso sí es trabajar por el espíritu compostelanoy no sólo tratar de empujar al peregrino por uno u otro lado para que se deje los cuartos en tabernas o comercios. Los peregrinos no son simples mochileros. Porque al fin y al cabosomos muchos los que creemos que Camino sólo hay uno y lo demás son mil rutas con un mismo destino.
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